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viernes, 13 de febrero de 2015

UNGULADOS DE LA MONTAÑA (I).




Los caprinos (cabras, muflones, rebecos y tares) son ungulados muy vinculados al hábitat montano, donde algunos son más proclives al pastoreo y otros al ramoneo. Su origen más reciente se encuentra en las tierras altas del Asia Central, de tal modo que durante las fases frías o glaciares, aprovechando las condiciones que generaban espacios más similares a los de su hábitat original, supieron expandirse hacia otros territorios en los que, llegado un interglaciar, quedaban más o menos confinados en las montañas.
Esta circunstancia, dilatada por largos períodos temporales, facilitó la diferenciación morfológica en muchas zonas del Viejo Mundo.
Hoy vamos a hablar sobre las cabras.
La similitud de tamaño corporal y la idéntica disposición cromosómica del género Capra permite aún la hibridación entre las distintas "especies" de cabras montesas y la cabra doméstica, hecho que ha llevado a la conclusión de asumir que este grupo o “complejo evolutivo” todavía no ha evolucionado plenamente hasta un grado diferencial de especiación definitiva entre sus componentes.
Por lo tanto, y a pesar de que durante el último siglo se han propuesto numerosas clasificaciones taxonómicas que han llevado a la IUCN a reconocer cinco especies dentro del género, mi opinión está más cercana a la propuesta de algunos autores del siglo XX que tomaban como única especie a Capra hircus, sin dejar de lado sus múltiples variantes subespecíficas.
Según esto, la denominación correcta de la cabra montés ibérica debería ser Capra hircus pyrenaica, y dentro de ésta, sus variantes locales, y la del íbice alpino Capra hircus ibex.
De cualquier forma, y atendiendo a sus reconocidas particularidades y distribución en un pasado reciente, emplearé los criterios y la nomenclatura aceptada en la actualidad, menos complicada a la hora de tratarlas, que considera especies distintas al íbice alpino (Capra Ibex) y al íbice ibérico  (Capra pyrenaica).



Todavía hoy se discute sobre el momento de aparición del género Capra en Europa. Se han encontrado similitudes en C.alba de hace más de un millón de años, pero a la vez, ésta presenta aspectos muy similares a los que hoy en día podemos encontrar en el género Hemitragus (tares), que por otro lado fue el género que sustituyó en el registro europeo a C.alba por espacio de trescientos mil años, entre 700 y 400.000 B.P.
Es a partir de esta última fecha, a finales de la glaciación Mindel, cuando comienza a aparecer en el registro la presencia de Capra Ibex, el íbice alpino, aunque es posible que se hayan producido varias oleadas migratorias desde el Próximo Oriente o el Cáucaso, durante los glaciares posteriores.

Íbice alpino (Capra ibex).

El íbice alpino es una cabra de gran tamaño que en distintos momentos del pasado se expandió por buena parte del sur de Europa, aunque actualmente habita principalmente la cadena montañosa de Los Alpes, en países como Italia, Suiza, Francia y Austria, si bien en los últimos años se ha restablecido en algunas montañas de la parte alemana, y ha sido reintroducida en Eslovenia e incluso introducida en las montañas de Bulgaria.
Sus poblaciones se encuentran hoy fuera de peligro, en moderado aumento y expansión.
Se cree que en su aislamiento durante el último interglaciar del Riss-Würm, las poblaciones que quedaron confinadas en la Península Ibérica dieron origen, con el paso de los milenios, al tipo ibérico.





Cabra ibérica (Capra pyrenaica).
Del íbice o cabra ibérica (Capra pyenaica) se han definido cuatro formas, razas o subespecies, presentes en la Península Ibérica hasta tiempos recientes.
Sus diferencias principales se basaban en las manchas del pelaje de los machos y en los cuernos, lo que nos lleva a pensar en simples variaciones regionales en sus extremos de distribución por las distintas cadenas montañosas de Iberia, debido a cierto aislamiento durante un tiempo próximo, ya que en existieron zonas de conexión poblacional entre los distintos tipos hasta hace apenas algún siglo.



La Capra pyrenaica hispanica es la subespecie o tipo cuyo censo poblacional ha sufrido menos altibajos, pues con más de cuarenta mil ejemplares está presente de forma casi continua desde la Sierra de Grazalema en Cádiz hasta el Delta del Ebro, por todo el arco montano mediterráneo peninsular, y en constante expansión, que ha llevado a algunos incluso a calificarla de “plaga” en determinadas zonas.
La subespecie Capra pyrenaica victoriae, estuvo presente hasta hace algún siglo por todo el Sistema Central, pero fue duramente perseguida por el hombre hasta el borde de la extinción. Fue salvada in extremis gracias a la protección que supuso para ella la creación del Coto Nacional de Gredos por orden de Alfonso XIII, en 1905. De los doce ejemplares existentes en aquel momento se ha pasado a más de nueve mil en la actualidad.
La Capra pyrenaica lusitanica, conocida en Portugal por el nombre de “cabro” y en el noroeste de España como “mueyu”, no tuvo tanta suerte.
Hace pocos siglos se distribuía sin interrupción por los macizos del norte de Portugal, Galicia, Asturias y Cantabria. La presión humana a través de la caza hizo que a finales del S.XIX sólo sobreviviera en algunos montes de Orense y en la Sierra de Gêres portuguesa, donde terminó por desaparecer antes del cambio al siglo XX.

Cabra del pirineo o "bucardo)
A esta pérdida hay que sumar la reciente y vergonzosa extinción del “bucardo”, Capra pyrenaica pyrenaica, variante propia del Pirineo, antaño repartida entre Francia y España desde los montes vascos hasta Girona, y cuyo último ejemplar murió en el año 2000 en la Faja de Pelay (P.N. de Ordesa y Monte Perdido).
Los intentos por salvar al bucardo pirenaico de la extinción fracasaron de forma estrepitosa a pesar de las atenciones procuradas, a través de protección, concienciación, estudios y hasta programas LIFE europeos.
Demasiado tarde, se intentó facilitar que las últimas hembras pudieran reproducirse con ejemplares hispánicos traídos desde los Montes de Beceite, pero la iniciativa no prosperó. 




Seguramente la excesiva consanguinidad y factores limitantes de la fertilidad en esos ejemplares los habían abocado ya a la extinción cuando se decidió darles una oportunidad.
En este sentido cabe destacar que su extinción puede haber estado sospechosamente vinculada al ámbito económico del sector cinegético, pues la cabra ibérica ha sido durante el último siglo un endemismo de España, lo que ha generado cuantiosos ingresos por la gestión de su caza. Que la cabra ibérica habitara el Pirineo francés no ha sido nunca bien visto por ese sector, cuya visión y opinión ha prevalecido por muchos años sobre los objetivos de conservación y recuperación de espacios y especies, de la protección de nuestra naturaleza.
Con la excusa de una supuesta diferenciación particular de la subespecie pirenaica se permitió la extinción y desaparición de la cabra en el Pirineo, una vergüenza en mayúsculas que no debe volver a repetirse jamás.


Si la cabra ibérica del Pirineo se encontraba a mitad camino, genéticamente hablando, entre las cabras ibéricas y los íbices alpinos (Capra ibex), era simplemente por una de las siguientes causas; que dado el origen euroasiático de procedencia, la pirenaica estuviera más próxima al íbice alpino, evolucionando después en nuestra península hacia la subespeciación distanciada del taxón original, o bien, la explicación más acertada (a mi juicio) reside en entender que durante muchas fases del Pleistoceno reciente el íbice alpino llegó, a través del Macizo Central Francés, hasta la vertiente norte del Pirineo, tal y como atestiguan las pinturas rupestres de cabras del sur de Francia, del mismo modo que la cabra ibérica pudo expandirse hacia el Macizo Central y Los Alpes franceses, y por lo tanto se dio cierto flujo genético en esta zona entre las poblaciones pirenaicas y las alpinas, conservándose este ADN de las pirenaicas que llegaron hasta el año 2.000.
A continuación expongo dos imágenes muy significativas de pinturas rupestres francesas del Pleistoceno Superior, concretamente del Paleolítico Superior o Edad de Piedra, fase o periodización de nuestra historia cultural incluida en otra de ámbito geológico, comprendida en fechas de entre 40.000 y 12.000 años antes del presente, durante el último glaciar.



 

Yacimientos franceses.
A partir de ellas podemos deducir cómo en un área concreta de Europa, el sur de Francia, y probablemente el Pirineo, quedan representadas, al menos en distintos períodos, las dos especies de cabras salvajes, en lugares donde hoy no se considerarían como áreas de distribución "normal" de ninguna de ellas. El íbice, de cuerna rectilínea, curvada hacia la parte posterior, en La Mouthe, y la cabra de aspecto ibérico en Ebbou, en el entorno alpino, con sus características cuernas curvadas hacia los lados que aún hoy están muy presentes en el tipo ibérico.



Algo lógico y comprensible, pues la cabra salvaje (Capra hircus) apareció en Europa durante las última fase del período glaciar Mindel, hace ahora unos cuatrocientos mil años, pero prolongados períodos climáticos de aislamiento a nivel peninsular y europeo la confinaron a distintos macizos montañosos, facilitando la posterior aparición de nuestra especie, la cabra montés ibérica (Capra pyrenaica) y también la del el íbice de los Alpes (Capra ibex), pero de nuevo, ambas formas, en ciertos períodos propicios posteriores, pudieron alcanzar el ámbito meridional de la Francia actual, llegando seguramente a solapar poblaciones.
De cualquier forma, una buena política de reintroducción no encontraría problema alguno en repoblar el Pirineo con ejemplares de la subespecie victoriae, seguramente más adaptable al clima pirenaico que la hispánica, aunque ambos tipos servirían a tal efecto.
Las diferencias mínimas entre la autóctona pirenaica y las restantes, harían en este caso innecesaria la clonación, ya que la cabra ibérica pirenaica o bucardo, no era sino un tipo prácticamente indistinguible de la ibérica tipo, y por tanto, componente de ésta, y así ha sido aceptado totalmente por los propios criterios científicos.
Sin embargo, esa ligera diferenciación racial, a modo de eugenesia animal dirigida y fomentada por el hombre, llevó a destinar ingentes cantidades económicas, hasta un proyecto LIFE, y esfuerzos de años plasmados en estudios y seguimiento por conservar la subespeciación, que al final desembocaron en un descontrolado trampolín a la extinción definitiva, incluso cuando, tarde, se decidió abandonar el camino del sinsentido y se llevaron cabras hispánicas para superar el colapso de la cabra pirenaica.

Así, el bucardo, se extinguía definitivamente en el año 2000, para vergüenza del mundo, y sobre todo de nuestro país, que no contento con ello, se empeña aún en proyectos de juegos de clonación, absurdos en este caso concreto, cuando no debería haber tardado ni un día en devolver la cabra ibérica al sistema montañoso del que nunca debió desaparecer, dejando allí a cualquiera de los otros tipos peninsulares, contados por decenas de miles de ejemplares en el resto del país, para que se distribuyeran por el Pirineo y evolucionaran libremente en su adaptación durante el futuro, conservando la biodiversidad y el nicho que siempre ocupó la cabra salvaje en ese ambiente montano como pieza clave del ecosistema y la cadena trófica.



Pero he aquí que los intereses económicos se alían y confunden con los científicos dirigidos, para que una singularidad, una rareza propia de la Península Ibérica que sirve de preciado trofeo cinegético, quede bien acotada y explotada y no pase al país vecino, y así, España ha tardado demasiado en dar el visto bueno a Francia, que solicitaba desde hace algunos años ejemplares con los que llevar a cabo la repoblación desde su vertiente pirenaica.
Y es que a veces las cosas resultan más sencillas de lo que pensamos, y como muestra podemos tomar los casos de reintroducciones de la cabra de Gredos en Portugal, Galicia, León o Asturias, que comienzan a dar sus frutos, como también las efectuadas en la salmantina sierra de Las Batuecas, que tras un primer intento frustrado ha conseguido la nada despreciable cifra de 900 ejemplares en libertad.
Por suerte, la noticia más esperada de los últimos años respecto a la reintroducción de especies, el retorno de la cabra montés ibérica al Pirineo, tuvo lugar, por fin, el pasado 17 de julio de 2014, cuando fueron liberados nueve ejemplares en la vertiente francesa gracias a la colaboración entre la Administración del Parque de Guadarrama y las autoridades francesas.
La suelta se llevó a cabo en  la zona de Cauterets, donde se liberaron otros tres ejemplares el sábado 19. 
Apenas una semana más tarde se produjo una nueva reintroducción de once ejemplares en Ustou (Ariege), en un área cercana al Valle de Arán.
En total veintitrés ejemplares, procedentes de Guadarrama (España), que sirvieron de avanzadilla para nuevas sueltas que consigan una población estable en el Pirineo, hogar de una especie que reclamaba su regreso desde hace catorce años, tras la muerte del último ejemplar de bucardo en el Parque Nacional de Ordesa.
Se desmonta así cualquier teoría de no idoneidad, algo que por otro lado cualquier aficionado a la ecología o la zoología sabía, es decir, que no existe ningún problema para el regreso de una especie emblemática que volverá a cubrir un nicho en el que estuvo presente hasta hace apenas catorce años cuando, por causas de endogamia, y probablemente mala gestión, desaparecía el último ejemplar nacido en el Pirineo.

Así pues, tal y como refleja el mapa de distribución ideal recreado en la imagen, en vez de exterminios masivos en zonas de superpoblación, debería promoverse la restauración de la especie en áreas donde todavía está ausente, principalmente en cuatro núcleos fundamentales del norte.

Cabra ibérica. en rojo distribución actual, en violeta, áreas potenciales de reintroducción.

El primero sería aquel que uniría las poblaciones de Portugal, Galicia y León con los límites orientales de la Cordillera Cantábrica. El segundo repoblaría casi en su totalidad el Pirineo, desde el este de Navarra hasta los Montes de l’Albera, en el límite fronterizo entre Francia y la provincia de Girona, muy cerca del Mediterráneo.
El tercer núcleo, en el Sistema Ibérico Septentrional, lo constituirían los Montes de Urbión, la Sierra de la Demanda y los Montes de Cameros, repartidos entre las provincias de Burgos, Soria y La Rioja.
El último espacio a repoblar serían los Montes del Sistema Central, desde las estribaciones orientales de la Sierra de Gredos hasta la Sierra de Ayllón (Guadalajara), que propiciarían una conexión futura con el núcleo poblacional de las hispánicas de la Serranía de Cuenca.

Pero hablaremos más detenidamente sobre todo ello en capítulos posteriores.






Crédito de imágenes:

Foto 1: Imagen líbre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 2: Imagen líbre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 3: Imagen líbre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 4: Imagen líbre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 5: Imagen líbre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 6: Miguel Llabata.
Foto 7: Arte rupestre (Miguel Llabata). Cabras (Imagen líbre de derechos de Wikimedia Commons).
Foto 8: Imagen líbre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 9: Miguel Llabata.
Foto 10: Miguel Llabata.

6 comentarios:

  1. Sinceramente me parece una vergüenza todo el tema de la extinción del bucardo, soy de una zona cercana al parque natural dels Ports en Castellón, y veo cabras por todas partes y cruzando carreteras, y por la manía de diferenciar poblaciones endogámicas como si fueses taxones independientes es una lástima y un sin sentido que zonas de la península se queden sin cabras por que "eran únicas e insustituibles". Que la cabra llegue al Pirineo por iniciativa francesa me parece una verdadera vergüenza cuando hace años que gobiernos español y francés deberían haberse puesto de acuerdo en el tema.
    Y lo mismo pasa con el tema del oso, urogallo cantábrico y otras tantas especies, me parece una pena que estas poblaciones se condenen a la extinción. El problema es que la humanización crea "islas" de las que los animales no pueden ni entrar ni salir, el camino en mi opinión es comunicar estas islas, pero no, mejor dejemos a las cabritas únicas en su monte con sus enfermedades por la endogamia y que no vengan las cabras forasteras a molestarlas, no vaya a ser que desaparezcan. En fin, me hierve la sangre con estos temas jejeje
    Un saludo y felicidades por el blog, de verdad es muy interesante!

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    1. Hola Anónimo, bienvenido.
      Pues totalmente de acuerdo contigo. Hablaré de todo ello en un próximo post acerca de criterios sobre la fauna en la actualidad.

      ¡Saludos y gracias a ti por participar!.

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  2. En el 2.004 o 2.006 se soltaron ejemplares de cabra iberica en un paraje de la comarca del Pallars Jussa en la provincia de LLeida llamado "La terreta" un macizo de tan solo1.100 metros de altitud.Por lo visto esta especie no necesita de elevadas formaciones montañosas para subsistir y creo que podria introducirse en algunas regiones con altitudes más modestas todavia, con tal de tener suficientes formaciones rocosas donde refugiarse, de hecho tengo entendido que el bucardo hera la variedad de habitos más forestales de todas teniendo predilección por los barrancos , cañones y gargantas boscosas,algo parecido como ocurre con el thar.

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  3. Por suerte ya se han repoblado Montsant,serra de Prades y montserrat con cabras de Els potrs-Besseit.....acción corta todavía..... esperemos que un mimnimo raciocinio haga que lleguen al resto de sierras prelitorales de Catalunya, al prepirineo y a todas las sierras de media,alta e incluso baja montaña de España que a buen seguro pobló esta especie tan versátil y poco exigente con el medio....

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  4. Pero se trataría de un monocultivo absurdo si no regresa su "matador".....rememorando aquel capítulo que ponía los pelos como escarpias de nuestro nunca suficientemente alabado Félix Rodriguez de la Fuente.
    Crecí con él y en mi casa era una "religión" ver cada semana el capítulo de la serie "Fauna ibérica"......

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  5. De todas las variedades que poseemos en la península Ibérica, se deberían reintroducir en el Pirineo, de norte a sur.

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